Un Caso de Lectoescritura en la Psicosis

//Un Caso de Lectoescritura en la Psicosis

Un Caso de Lectoescritura en la Psicosis

Paula Tresols
Psicóloga – Prof. Nivel Inicial

Introducción

Este trabajo tiene como finalidad hacer un cuestionamiento acerca del trabajo en la educación especial en relación a alumnos de estructura psicótica. Se hará un recorrido a partir de una experiencia individual en relación a la adquisición y el abordaje de la lecto-escritura de un alumno. Se marcarán las intervenciones hechas por la docente así como los resultados obtenidos por el alumno. Se hará una fundamentación teórica de la experiencia.

Características de Luis

Tiene 21 años, síndrome de Down y estructura psicótica. Es el menor de cuatro hermanos. Vive con su mamá y uno de sus hermanos. Su papá falleció al tener él 2 años. Tuvo escolaridad en otra Institución hasta los 18 años, luego estuvo dos años sin escolaridad y retomó el año anterior en ésta Institución. La mamá cuenta que él siempre tuvo profesionales particulares a su alrededor: Estimuladora temprana desde que nació, maestra particular, psicóloga, fonoaudióloga y se le ha dado gran importancia al deporte teniendo un personal trainner y practicando variedad de ellos. Al llegar el año pasado a la Escuela, Luis realizaba conteos hasta 10 sin poder escribir el número que correspondía. Se ubicaba en una etapa presilábica en relación a la lectoescritura, podía copiar palabras y conocía la mayoría del nombre de las letras. Tenía muchas dificultades para participar en clase y establecer algún tipo de vínculo con sus pares, pasaba largo tiempo en el baño, faltaba bastante y buscaba pasar desapercibido en la jornada escolar. Debido a todas estas características es que se piensa como estrategia de aprendizaje para el año siguiente ubicarlo en un grupo con menos personas y que tengan en común la misma estructura psíquica.

Mi trabajo en lo que va del año

Me llevó un tiempo pensar cuál iba a ser mi estrategia pedagógica con un grupo que presentaba estas características. Quienes trabajamos en Educación Especial sabemos que el único objetivo claro que tenemos, la brújula que indica nuestro camino es LA LECTOESCRITURA. Padres pidiendo todo los años ésto como si fuese la única herramienta que sus hijos necesitan para defenderse en esta vida, contenidos curriculares y exigencias sociales que ante la pregunta de ¿ya sabe leer? ¿puede escribir? nos y los paraliza todo el tiempo. Al venirme encima todo ésto y ante la propuesta desde la Institución “pensá vos el abordaje a realizar con estos adolescentes” fue que dije: estos alumnos llevan toda una carga con ellos desde toda la vida, cantidad de imposibilidades todo el tiempo presentes, cantidad de diferencias, objetivos siempre lejanos y cuando son alcanzados nunca son suficientes. ¿Tengo derecho a seguir con ésto? ¿No podría existir la posibilidad de permitirles hacer su camino y que lo armen como ellos quieran? Mi función podría ser ofrecerme como pantalla cinematográfica, en donde ellos proyecten su película, sus intereses. Siempre un paso atrás, acompañando en el camino, teniendo como punto hipotético en el horizonte que sean felices. Y así empezaron las clases.

La historia de Luis

Al transcurrir los primeros días se empezó a manifestar alegre y participativo. Comenzó a traer aportes de su casa para el trabajo diario sin que nadie le pidiera el material. Dejó de faltar, dejó de ir a encerrarse al baño, dejó de buscar estar en el montón para hablar, contar, cantar, organizar actividades y demás.

Tanto interés tenía por contar sus cosas que aproximadamente a los 20 días del inicio escolar llegó al Colegio, se recostó sobre la mesa y lloró con “mucha angustia”. No podía hablar y seguía llorando. Pregunté a la gente del gabinete y a su maestra del año anterior si ésto era habitual en él y me respondieron que jamás lo habían visto ni llorar ni en un estado parecido. Decidí sentarme con el grupo a esperar que Luis pueda hablar. Le comenté que realmente estabamos preocupados, que nos gustaría saber que le pasaba, que lo queremos mucho y nos entristece verlo así. Inmediatamente y con mucha “angustia” comienza a hablar. Cuenta que estaba muy mal porque como él tenía 21 años ahora podía hacer los trámites del banco solo y que había ido el día anterior y se había encontrado que no tenía ni un peso de la herencia que su padre le había dejado y relató la muerte de su padre cuando él tenía 2 años. Ya en otras ocasiones había manifestado su preocupación por el dinero, que su madre comentaba que la plata no le alcanzaba, él decía que ya no estaba para ir al colegio sino que tenía que trabajar para ayudar en su casa y encima ahora se encontraba que no disponía de esa plata. Esta situación la describió mientras lloraba. Le envié una nota a su mamá explicándole la preocupación de Luis, nota que ella contestó adjudicando esta situación a los delirios de su hijo y manifestando cierto mal humor ante esta situación. Debido a ésto y a que Luis seguía muy angustiado, le dije que él ya era grande y que podía contarme todo lo que quisiera y que yo no tenía porque darle cuenta a su madre. A partir de esta intervención mía Luis comienza a tener una actitud totalmente diferente en el colegio: se muestra y dice estar feliz, se interesa muchísimo más por las actividades escolares y comienzan a producirse cambios notables en sus producciones. Paralelo a ésto recibimos un llamado de la Psicóloga que lo atiende quien dice que está muy preocupada porque su paciente está perdiendo el lenguaje y que necesita tener una entrevista con el Colegio. La profesional debo destacar es amiga de la mamá de Luis y él esto lo sabe. Al encontrarnos con ella se sorprendió al explicarle que Luis no sólo habla perfectamente en el Colegio sino que además se muestra muy interesado en contar todo lo que le pasa todos los días.

Aclarados estos puntos voy a centrarme en la actividad especifica que quiero trabajar que es la lecto-escritura.

Luis copiaba perfectamente lo que Fernando, un compañero (el único que hasta el momento escribía) escribía en el pizarrón, se concentraba en la tarea y se preocupaba que no hubiese ningún error. Al pedirle que pase y escriba buscaba la forma de no hacerlo sin decir que no sabía. Seguía copiando perfectamente sin errores ya que éstos, si los hubiera, le iban a traer no solo el reto de su madre sino que también de su abuela. Uno de los días hago el comentario que por suerte el pizarrón se puede borrar y volver a escribir, por lo tanto nadie ve nuestros errores si nosotros no queremos.

Un día, ante el apuro que a veces nos trae la actividad escolar, yo le pido a Fernando que haga la lista de lo que había que ir a comprar. Yo le decía las palabras y él las escribía, ante mi sorpresa quien iba diciendo que letras debía poner Fernando era Luis. No quise hacer ningún tipo de intervención, seguí yendo de aquí para allá mientras decía la lista que era: manteca, dulce de membrillo, empanadas, globos. Nos fuimos a realizar la compra.

A la semana siguiente, Fernando, nuestro adolescente escritor falta unos días debido a una otitis. Al preguntar yo ¿quién va a escribir hoy? Luis se levanta, se acerca al pizarrón y espera lo que tiene que escribir. Le pido si puede poner la fecha y escribe como siempre HOY ES y se queda esperando, le digo lentamente el nombre del día y lo va escribiendo. Luego consultamos entre el resto el número y él lo escribe, lo mismo con el mes y el año. Luis escribió en el pizarrón HOY ES JUEVES 4 DE MAYO AÑO 2000.Al día siguiente Luis pasa solo al pizarrón vuelve a poner HOY ES, se queda esperando y al decir yo lentamente las palabras las va escribiendo. Lo hace con inseguridad, busca rápidamente el borrador aunque no lo necesite usar, antes de poner las letras me pregunta si es o no la correcta, le insisto que él sabe y que si es necesario tenemos el borrador. Luis escribe HOY ES MARTES 9 DE MAYO AÑO 2000.

Se reintegra Fernando y cada uno vuelve a ocupar su lugar correspondiente ya que al interceder yo y pedirle a Luis que pase a escribir no lo puede hacer, Fernando se burla de él. Ninguno de los dos permiten mis intervenciones.

Pasan unos días y Fernando se vuelve a enfermar y a partir de ese momento Yo le pido a Luis que escriba todo en el pizarrón. Lo hace perfectamente, con sus dudas y su borrador, siempre primero en el pizarrón y luego copiándolo perfectamente en su cuaderno. Algunos ejemplos de su trabajo son: además de poner todos los días la fecha, escribe: FUIMOS AL CINE. STUAR LITLE. RATON- CHICO-MAMÁ-PAPÁ-GATO.HAY GENEROS DE PELICULAS. POLIOCIAL-ACCION-TERROR-COMEDIA-DRAMA-COMICA-DIBUJOS. Así continúa el trabajo de Luis, va escribiendo mientras yo lentamente lo acompaño diciéndole la palabra, quedándome al lado suyo con el borrador.

Fernando se reintegra al colegio. ¿Qué pasó cuando yo dije quién pasa a escribir? Avasallante e invasivo pasa Fernando, Luis se para y le dice “Ahora escribo yo”, Fernando lo mira sobrándolo. Vuelve a su lugar como esperando poder burlarse del error que va a realizar su compañero. Luis escribe el día y el nombre de la actividad que vamos a realizar. Fernando no dice nada. Al día siguiente vuelve a pasar Luis y escribe la fecha, Fernando también quiere escribir, le sugiero, que por suerte ahora no tiene el solo la responsabilidad de escribir en el pizarrón que la puede compartir. Al rato me pide si puedo enseñarle la letra cursiva, nos ponemos a trabajar en ella.

Hoy Luis escribe al igual que Fernando, pero éste cuando quiere se diferencia haciéndolo en cursiva ésto a Luis no le afecta.

Llegado a este punto puedo decir que Luis continúa sumamente interesado por la escritura. Sigue escribiendo todo en el pizarrón, en hojas sueltas y en la computadora. Todavía necesita que yo esté a su lado diciéndole las palabras lentamente. Lo que todavía no puede Luis es enfrentarse a la hoja de su carpeta y escribir directamente en ella.

Algunas relaciones teóricas

¿Qué se podría pensar en relación a la lectoescritura?
1° hipótesis: ¿Podría pensarse que Luis, de golpe un día sin pasar por ninguna hipótesis de la lectoescritura se levantó alfabético?
2° hipótesis: ¿Sería lógico pensar que Luis había, como cualquier otro alumno construido etapa por etapa la adquisición de la lectoescritura, pero diversos conflictos a nivel del aparato psíquico no le permitieron utilizarlo?

Yo me inclino por la segunda y lo voy a fundamentar.
Por un lado Luis se va expresando con entusiasmo día a día en el Colegio. Por otro lado su psicóloga demanda “Qué pasa con Luis que está perdiendo el lenguaje”. Me pregunto ¿se puede desadquirir lo ya adquirido? ¿Se puede de golpe perder toda la estructura simbólica?.

Me inclino por pensar que es Luis quien ahora elige a donde si se puede y quiere hablar y a donde no.

Dice Ricardo Rodulfo (1): “En la neurosis el sujeto encuentra significantes que lo representan, ese no es el problema; en la psicosis los busca y tiene que luchar contra los que tienden a destruirlo. Esa primera tarea es de tipo extractivo: ha de arrancar los significantes que lo representen”. Considero que se podría pensar que Luis, en su terapia, pudo arrancar esos significantes que lo representaban, negándose a hablar. Consiguió que, no solo su terapeuta se ocupe en forma especial de su situación, sino, además que ella se entere a quienes estaba dirigido el silencio, éste “arrancar los significantes”. En la escuela él empezaba a construir aquellos significantes que buscaba y también los podía empezar a reproducir. Continúa Rodulfo: “A veces vemos que un niño quiere llevar algo a la sesión, algo que ha hecho: eso puede tener muchas significaciones, renunciamos de antemano a encontrar una sola. Una posible y de mucha trascendencia transferencial es que esté en juego que lo que ha producido junto con su analista tenga el valor de representarlo como sujeto, algo de lo cual él puede aferrarse para vivir” ¿No es esto acaso lo que hizo Luis? ¿No llevó algo muy importante a su terapia?

Si nos ubicamos por un momento en el lugar de la terapeuta podríamos pensar como dice Maud Mannoni (2) que: “El estudio del débil mental, como el del psicótico, no se limita al sujeto, sino que comienza por su familia. El fracaso de las terapias en los débiles nos enseña por lo menos tanto, sino más que los éxitos. Pero el analista no puede estudiar esos fracasos sino cuestionándose también él ante este tipo tan especial de enfermos. Porque es por el desvío de la contratransferencia que se abre el camino que conduce a la comprensión del débil mental” ¿Fue claro Luis con su silencio? ¿Estaríamos ante un fracaso terapéutico o ante un problema ético? ¿Estaría Luis denunciando su violación psíquica?

Considero que además de ésto, consiguió que se movieran las piezas dentro de su estructura familiar. Pudo llorar y expresar su sufrimiento en relación con sus problemas de dinero dejado por su padre. Encontró que alguien le brindara la posibilidad de empezar a quebrar el discurso totalizante de la madre y a partir de ahí pudo decidir acerca de sus palabras y su silencio. Dirá Rodulfo (1) citando el caso de un paciente psicótico “La madre en particular parece estar ubicada en una posición absolutamente inatacable, y donde sus palabras resultan irrompibles, sus leyendas personales no horadables.” Luis encuentra un espacio adonde el discurso de su madre no ocupa ese lugar y por lo tanto decide apoderarse en él para hablar y enmudecer en el que sabe, que la mirada de la madre está puesta. Luis eligió correrse del espacio en el cual estaba totalmente controlado. A partir de acá, puede empezar a construir sus propios significantes. Desde este momento pudo empezar a decir que es feliz, pudo trabajar, comprometerse con su tarea, empezar a escribir.

En este momento ¿Qué efectos tuvo el pizarrón? Nuevamente se le estaba permitiendo un lugar que su madre no puede ver. Un lugar que además de estar lejos de su vista podría borrarse fácilmente.

Luis pudo apoderarse nuevamente de otro lugar.

Pudo resguardarse, cuidarse, ampararse, separarse, diferenciarse en un espacio muy suyo, muy propio.

Rodulfo (3) ante una experiencia con una paciente suya dice: ” Sería perder el tiempo interpretar ‘significados’ del pizarrón que determinarían su extraño comportamiento: hay que lograr que consiga ocuparlo, que se vuelva habitable para ella. Habitar un lugar, toscamente expresado, es poner cosas propias ahí, pero el punto es que esto no se hace sin profundas modificaciones subjetivas en quien los pone ahí” En Luis esto lo vemos a diario trajo importantes modificaciones subjetivas, ahora puede relacionarse con sus compañeros, participar activamente en las tareas diarias, preocuparse por su apariencia personal, tema que dicen que antes no le interesaba para nada, mas allá de empezar a escribir.

Continúa diciendo Rodulfo: “…la manera que un niño tiene-la única consistente-de aposentarse en un lugar es a través de las marcas que hace y deja en él”. En este habitar un lugar, llenarlo con sus marcas vemos también otro cambio importante, ahora Luis puede marcarle a Fernando que los dos tienen algo en común: la escritura en el pizarrón.

No puedo dejar de relacionar el pizarrón y el borrador. Luis puede marcar en algo que no deja marca. Necesita el borrador adelante de su vista o en su mano aunque no tenga que usarlo. Tiene necesidad de borrar rápidamente alguna marca equívoca. Dice Freud (4) en El block maravilloso: “Si escribimos por ejemplo, con una tiza sobre una pizarra, tendremos una superficie de capacidad receptora ilimitada, de la que podremos borrar las anotaciones en cuanto cesen de interesarnos, sin tener por ello que destruirla o tirarla. El inconveniente está aquí en la imposibilidad de conservar una huella permanente, pues al querer inscribir en la pizarra cubierta ya de anotaciones alguna nueva, tenemos que borrar parte de las anteriores”. ¿Por qué ese lugar de huella transitoria le resulta habitable a Luis? ¿Por qué necesita no dejar huella permanente?

Estamos ante una estructura psicótica. ¿Qué relación se podría establecer entre la forclusión del significante del nombre del padre y los significantes hechos en la pizarra?

Al decir de Lacan lo que ocurre en la psicosis es la no inscripción de este significante primordial, por lo tanto lo no inscripto aparece en lo real. Dice Lacan (5) “Es la falta del Nombre-del-Padre en ese lugar la que por el agujero que abre en el significado, inicia la cascada de los retoques del significante de donde procede el desastre creciente de lo imaginario, hasta que se alcance el nivel en que el significante y el significado se estabilizan en la metáfora delirante”. Considero fundamental relacionar que a partir de que Luis, pudo estabilizar su delirio, armando una metáfora delirante en el lugar del agujero que hay en lo real a falta de este significante primordial, pudo a nivel de la significación empezar a producir sus propios significantes.

Ya Freud (4) decía ésto en relación al delirio en la psicosis y la construcción en la neurosis: “Los delirios en los pacientes se aparecen como equivalentes de las construcciones que edificamos en el curso de un tratamiento psicoanalítico: intentos de explicación y de curación, aunque es verdad que en las condiciones de una psicosis no puedan hacer más que sustituir el fragmento de la realidad que está siendo negado en el presente por otro fragmento que ya fue rechazado en el remoto pasado.”

La metáfora delirante tiene sus efectos en el plano imaginario y fue a partir de ella que pudo empezar a producir. Acá es donde me parece fundamental el elemento pizarrón/borrador, en este lugar los significantes también quedan en el terreno imaginario. El pizarrón le permite a Luis la complicidad de ser su soporte imaginario, ya que podríamos hablar de una identificación especular con él, la marca que podría llegar a representar algo de su subjetividad se borra cuando él quiere y ésto se lo brinda el pizarrón con sus atributos.

Para seguir pensando

Sabemos desde Freud y desde ya que ésto fue seguido por Lacan, que la angustia es propiedad exclusiva de la estructura neurótica. Que es por ella que sufre y desea el sujeto.

Después de exponer este caso .

¿No sería válido replantearse si hay angustia en la psicosis ?

¿No es acaso la angustia, la que lo lleva a Luis a realizar todo su recorrido?

Ante las dudas planteadas y la experiencia vivida, considero que no podemos abarcar a la psicosis dentro del colegio especial, solo, desde la postura de un maestro de educación especial. Como tampoco nos sirve abarcarla desde el psicoanálisis dentro de un consultorio.

Nuestros alumnos llevan un camino de gran padecimiento, siendo tal vez el colegio uno de los pocos lugares donde se sienten “iguales”. Tanto ellos como nosotros sabemos de las grandes exigencias sociales que se imponen ante la demanda de que aprendan a leer y escribir; herramienta primordial que deben manejar. A partir de ella son víctimas de escuela, psicólogos, maestras particulares, fonoaudiólogos y todos los profesionales que estén al alcance de sus padres

Considero conveniente que podremos ahorrar importantes sufrimientos a estas persona haciendo un abordaje escolar, dentro de un pequeño grupo con la misma estructura y siendo quien está frente del grupo, una persona, que no solo cuenta con la pedagogía sino que también con la teoría psicoanalítica adecuada como para poder trabajar con ellos.

El maestro con las herramientas que tiene desde su formación, no tiene el derecho de seguir poniendo a sus alumnos frente a imposibles, así como tampoco el terapeuta, sea de la corriente teórica que sea, tampoco puede desde sesiones de 45′ y desde lo individual abordar el problema y las exigencias en las cuales está inmerso su paciente.

Cuánto padecimiento se le podría ahorrar a este tipo de alumnos y sus familias procurándoles desde el inicio de su vida escolar un abordaje adecuado.

Bibliografía citada

  • Freud Sigmund. Obras Completas. Editorial Biblioteca Nueva. (4)
  • Lacan Jaques. Todo tratamiento posible para la psicosis. (5)
  • Mannoni Maud. El niño retardado y su madre. Editorial Paidós. (2)
  • Rodulfo Ricardo. Dibujos fuera del papel. Editorial Paidós. (3)
  • Rodulfo Ricardo. El niño y el significante. Editorial Paidós. (1)

Paula Tresols
Psicóloga – Prof. Nivel Inicial
Bs.As. – Argentina

By |2018-08-29T09:56:58+00:00enero 30th, 2010|Categories: PUBLICACIONES PSICOPEDAGOGIA|0 Comments

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