Reflexiones sobre el rol del psicopedagogo como docente en la Universidad – Romina Centioni

//Reflexiones sobre el rol del psicopedagogo como docente en la Universidad – Romina Centioni

Reflexiones sobre el rol del psicopedagogo como docente en la Universidad – Romina Centioni

REFLEXIONES SOBRE EL ROL DEL PSICOPEDAGOGO

COMO DOCENTE EN LA UNIVERSIDAD

Lic. Romina Centioni

[1]

 

INGRESANDO A LA TEMATICA DOCENTE UNIVERSITARIA

Hallándome preparada para retirarme de la Universidad, luego de tomar un examen final de la materia que transmito, me surgió un pensamiento que me llevó a volcarlo en letras…

Aquello que mi mente disparó tuvo que ver con la significación de ‘ser docente universitario’ – mientras se es Psicopedagoga- en el primer año de la carrera de Psicopedagogía.

Durante mis tiempos de facultad, tuve el agrado de conocer a muy buenos docentes, y a otros que no lo eran tanto. De todos ellos, fui aprendiendo y esbozando una idea de cuál era la finalidad que tenía un docente en un nivel de grado universitario.

Recién durante mi propia práctica docente, es que pude reconocer lo valioso que es, para cualquier capacitador, despojarse de sus saberes para, en primer lugar, ponerlos en cuestionamiento y bajo la lupa reflexiva, y en segundo lugar, brindarlos a su “auditorio”, permitiendo que éste ultimo pueda integrarlos a sus experiencias, y ofrecer también sus saberes. Así, caí en la cuenta de que ese circuito, convierte la docencia en un diamante de aprendizaje continuo.

La labor docente en el nivel universitario, dice Camilloni (1995), “es una tarea compleja e indiscutiblemente planificada que requiere de formación permanente – y específica, agregaría yo – y responsabilidad en su desarrollo”.

La función del Psicopedagogo docente en la Universidad, no tiene que ver con un solo enfoque (ya sea educacional, o clínico, o laboral, etc), sino con una conjunción de miradas apoyadas en las experiencias profesionales y personales.

En un aula universitaria no alcanza solo con ser un buen profesional, cualquiera sea el área o campo laboral en donde uno se desempeñe. Tampoco es allí, el lugar adecuado para realizar diagnósticos o cuestiones puramente clínicas. Por el contrario, el aula es el espacio ideal, como psicopedagogo docente, para la promoción de aprendizajes constructivos en los nuevos ingresantes de la carrera.

Creo primordial que, en el primer año del ciclo de grado de esta disciplina, los docentes con quienes los estudiantes se encuentren, sean profesionales de la Psicopedagogía.

Esta especificidad en su formación puede ser muy útil a fin de despejar, con conocimiento en la materia y una mirada puntualmente psicopedagógica, las dudas vocacionales o de otro tipo que puedan surgir en los primerizos universitarios; y allanar su camino, favoreciendo su incorporación e integración a la vida facultativa, y facilitando, así, su transición.

LA EDUCACION SUPERIOR EN LOS VELOCES TIEMPOS DE INTERNET

Es frecuente, para los que estamos en el lugar de la docencia, encontrar que, en la primer semana de cursada, no todos los estudiantes exponen con claridad lo que significa la Psicopedagogía, a qué se dedica, o cuál es su campo laboral, y en qué se diferencia de la Psicología.

Esto podría llevarnos a encarar una mirada hacia cómo y desde dónde se construye lo vocacional en los estudiantes de Psicopedagogía (tema que ya han abordado infinidad de grandes autores); pero también podría, y allí apunto, llevarnos a comprender cómo se instala la Psicopedagogía en el mundo actual, y desde ese lugar, esbozar una nueva forma de entender y aplicar la enseñanza a la nueva generación de universitarios.

Zygmunt Baumnan (2013) señala el concepto de vida moderna líquida, explicando que es un ensayo diario de la transitoriedad universal. El filósofo aclara que actualmente todo tiene una fecha de caducidad y que se desconocen los compromisos, así como también, se vive el día a día y no hay tiempo para la paciencia.

La nueva camada de futuros profesionales ya no se mantiene sentado esperando que el docente exponga, sino que se la nota más audaz, más participativa, a su modo, y expresándose, sin demasiados tapujos.

Todo es válido y nada es para desmerecer. Todo ello es su verdad y su experiencia. Y es tan valiosa como la de cualquier otro. En palabras de Freud, “sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio”. Una persona es con todo su pasado, su presente y sus proyectos futuros, y todo ello, ya es un saber por sí solo.

Es el rol del docente tomar todo aquello que el estudiante vuelca en el aula, re-armarlo teóricamente y devolverlo. Se trata quizás, a modo de ejemplificar, de un trabajo similar al de un panadero quien, con un trozo de harina y un poco de agua, va tomando los ingredientes, uniéndolos, y amasándolos hasta darles una forma determinada, para luego, entregársela a otros.

Ya en los años constructivistas de Piaget, se planteaba que el rol docente es el de un guía, un orientador que pueda lograr formar estudiantes no sumisos, sino proactivos de sus aprendizajes: que puedan adaptarse, asimilar y acomodar los saberes ingresantes con sus saberes previos. Esto significa, en palabras de Ruiz Bueno y col. (2008), “dejar el papel de reproductor de conocimiento e ir hacia uno de orientador de aprendizajes, ya que, también, se reorienta el aprendizaje de los estudiantes, permitiendo que adquieran conocimientos pero especialmente que sepan buscarlos, procesarlos y aplicarlos”.

Hoy en día, el problema es que nos topamos con una era colmada y atravesada por la tecnología y la inmediatez, que requiere un replantamiento de la función del docente.

Al respecto, Najmanovich (2008), expone que “en los abordajes de la complejidad, el conocimiento es concebido como un proceso de interacción de los sujetos del mundo, que nunca es individual sino social y mediado por nuestra biología, por la cultura y por la tecnología”.

No es fácil para los jóvenes estar inmersos en el mundo tal como se encuentra. Estos, deben abrirse camino, como pueden. Pisan, no solo un ámbito de gran complejidad, sino también un espacio y tiempo donde abunda cada vez más la individualidad, el consumismo, la estética y las velocidades más extremas; pero, a la vez, donde existe un menor compromiso, menores posibilidades laborales o de éxito, y donde los vínculos se tornan muy difíciles.  Sostiene Bárcena Orbe, “se trata de una pugna que se define en téminos de competitividad, incluso de una formación de la competividad, para ser más competitivos”.

Lo complicado de todo esto, es que las formaciones para la enseñanza en la actualidad, han quedado algo antiguas respecto de las posibilidades y formas de aprendizaje y de ser de las nuevas generaciones.

En estos días, aclara Moreno Olivos, “los cambios que se están produciendo en la sociedad inciden en la demanda de una redefinición del trabajo del profesor y seguramente de la profesión docente, de su formación y de su desarrollo profesional. Los papeles que tradicionalmente han asumido los docentes enseñando de manera conservadora un currículum caracterizado por contenido académicos, hoy en día resultan, a todas luces, inadecuados”.

Es nuestro trabajo, modernizarnos, buscar estrategias para poder atraer la motivación de nuestros futuros profesionales, adaptarnos nosotros mismos a las nuevas maneras de vincularse y de trabajar. Es decir, desarrollar y desplegar competencias o soportes psicopedagógicos, teóricos, sociales y comunicacionales, y tecnológicos.

El reto de la docencia, continua Bárcena, “es preparar a los jóvenes para que puedan ejercer un dominio de la contingencia… favorecer a través de la experiencia del aprendizaje, que los jóvenes puedan transformar la contingencia en compromiso y responsabilidad”.

Asentarnos en una posición facilitadora de saberes, y ponernos en el lugar del estudiante, desde la empatía y la entrega (del saber) y el contexto sociocultural actual, es básico para poder lograr un óptimo espacio en el que los estudiantes puedan preguntar, re-preguntar, historizar y re-construir, también, sus propios caminos del aprendizaje.

Rememorando un título de una Jornada de Psicopedagogía en la Universidad, debemos hoy, como docentes y psicopedagogos, poner la “Psicopedagogía patas para arriba” y rearmarnos para poder encajar en los tiempos rápidos de hoy para lograr una enseñanza adecuada a la modernidad.

BUSCANDO EL RUMBO

El Psicopedagogo que trabaja como docente en la Universidad debe tener un rumbo. Siguiendo a Freud, “no existe ningún punto de partida si no se sabe bien a donde ir”…

No sólo necesita tener la teoría fresca y actualizada, sino también debe poder armarla y prepararla  de una manera organizada teóricamente, y al alcance de quienes son sus estudiantes, para luego re-transmitirla, pero siempre manteniendo en pie un objetivo previamente diseñado.

Aún con ese objetivo armado, es frecuente que suceda algo antes o durante la clase, (por ejemplo, alguna pregunta, algún cuestionamiento, o solo que no funciona el pendrive en el cual teníamos todo el material disponible para trabajar ese día), que no permita que podamos seguir el esquema programado para ese día. Es en ese instante, donde la plasticidad del docente debe y puede desplegarse: la puesta en escena de la creatividad a modo de resolver el conflicto, pero manteniendo el famoso objetivo en pie.

Al respecto, afirma María Victoria Rego (2013): “plantear distintos modos de transformación … donde la ganancia de complejidad y plasticidad brinden las nuevas combinatorias posibles” para los procesos de aprendizaje de los estudiantes.

La tarea del Psicopedagogo docente es una tarea que enriquece, no solo a nivel de la docencia, sino también a un nivel profesional y personal. Nos permite, además, remontarnos a nuestras historias de aprendizaje y crecer.

En palabras de Bárcena Orbe (2000), “el aprendizaje es una actividad que suele involucrarnos, como seres humanos, en condición de estudiantes y de alumnos – aprendices- dentro de un marco específicamente destinado a transmitir pedagógicamente unos contenidos  que son, precisamente, objeto de cierta enseñanza. Sin embargo, la auténtica experiencia del aprender no cobra vida solo en ese marco institucional deliberadamente pedagógico. Es un proceso existencial”.

EXPERIENCIAS DE APRENDIZAJE DOCENTE

Dado que me desempeño como docente de una materia anual, tengo una gran ventaja, que es la posibilidad de observar y vivir todo el proceso de aprendizaje y de desarrollo que van teniendo los estudiantes durante el año.

Velez (2005) describe la experiencia que éstos últimos viven al ingresar a la Universidad, explicando que: “se produce un nuevo encuentro (o desencuentro) con los conocimientos, científicos, filosóficos o literarios propios de la carrera elegida; pero también con una cultura particular que requiere la apropiación de sus códigos, sus costumbres, sus lenguajes y lugares… y esto lleva un tiempo: tiempo en el que se va conociendo y reconociendo esta nueva cultura y en el que además cada sujeto se va pensando a sí mismo como partícipe (o no) de ella”.

En un primer año de una carrera universitaria, es importante comprender todo lo anterior para poder trabajar con los iniciantes, promoviendo: su capacidad expresiva y redaccional, el trabajo en equipo, la comunicación, la capacidad de atención, las aptitudes para identificar sus fortalezas y debilidades y los niveles de motivación a fin de empoderar su recorrido.

Además, es necesario que el docente, siempre tenga en cuenta el contexto socio-cultural en el que están insertos los estudiantes, y sus necesidades individuales y sociales para establecer el perfil del estudiante. Ruiz Bueno y col. (2008), afirman que “de este análisis se desencadenan los objetivos de la formación. Si se desconoce esta realidad, posiblemente los programas no respondan a necesidades de formación que se derivan del perfil”.

Los nuevos principiantes suelen traen algunas dificultades en la puesta en palabras oral y escrita, y es un desafío, poder ayudarlos a lograr sortearlas. No hay que olvidar que son futuros profesionales, y que, como tales, deben desempeñarse destrabadamente entre la expresividad y los escritos. El abordaje de estas dificultades en forma grupal en el aula es imprescindible en un primer año.

De acuerdo con Silvia Schlemenson (1997), “con la presencia de los otros en el aula se instituye la diversidad, la duda, la ruptura de las certezas iniciales, la posibilidad de confrontación y puesta a prueba de múltiples pareceres”. Abordar nuevas formas de trabajo en clase, no sólo el individual, sino también el grupal, permite, como sugiere la autora “la posibilidad del cambio que otorga la oportunidad de pensar de otra manera. La reflexión implica la puesta en cuestión de uno mismo. Es el inicio del proceso de las modificaciones posibles”.

La dinámica áulica grupal, agrega Kâes (2005), brinda una “situación intersubjetiva peculiar que potencia procesos psíquicos singulares en cada sujeto que lo conforma”.

Las propuestas de producciones escritas individuales y grupales, según Castoriadis (1993), “propulsan el investimiento de la interrogación crítica y el escenario sitúa a los jóvenes…en una apertura de la actividad imaginativa sobre los modos de representar-se”.

Asimismo, optar por nuevas y dinámicas estrategias que vayan cambiando, que no siempre tengan el mismo formato, y que no duren la misma cantidad de tiempo, permite a los de que se encaminan hacia el nivel de grado, la posibilidad de mantener aún el asombro, y de disparar en ellos pensamientos y reflexiones sobre el nuevo ámbito que están transitando.

Volviendo a las experiencias del docente, a lo largo de una cursada, es notorio cómo se va produciendo y construyendo el acercamiento transferencial entre docente y estudiante, que permite crear aprendizajes.

Ver el avance de cada universitario, según su modalidad de aprendizaje, es enriquecedor de sobremanera: el poder observar, simplemente, las posturas de cómo se sientan el primer día de clases, y compararlas con cómo lo hacen el último es fantástico.

La forma en que van adquiriendo el vocabulario específico, mejorando el modo de preguntar, de participar en clase, o de escribir es muy interesante.

Los finales de cursada de una materia siempre emocionan porque, de alguna manera, vienen a representar el final de todo el recorrido durante el cual pusimos nuestro esfuerzo profesional y personal para que esa nueva camada, ya más empoderada, pueda comenzar a deshacerse para re-armarse y emprender, un nuevo camino de construcción universitaria y profesional.

REFLEXIONANDO

Queda mucho por andar, y mucho más aún por aprender sobre este rol, que no hace mucho comenzó para mi. Pero creo que el reflexionar sobre nuestras prácticas y acciones en el aula, y desarrollar el feedback por parte de los alumnos, es esencial para continuar creciendo.

El desarrollar diversas estrategias a fin de favorecer la incorporación e integración de los estudiantes de primer año a la Universidad y facilitar su transición en esta nueva etapa educativa es fundamental.

Se conoce que existe una alta tasa de abandono del sistema universitario y que ésta se produce principalmente en los primeros años, y que el éxito académico de los estudiantes está condicionado, en gran parte, por una adecuada y sana adaptación a la vida universitaria. Poder acompañarlos en esta etapa, como docentes y psicopedagogos, es imprescindible.

No es fácil para ningún docente abordar la modernidad, pero, para hacernos camino al andar, es siempre importante, continuar poniéndose en un espacio y tiempo adecuados, y en lugar del estudiante. Tomar su saber, enredarlo con nuevo contenido, y devolverlo para que, así pueda, ir integrando y moldeando su camino hacia el futuro profesional….

 

BIBLIOGRAFIA

  1. Bárcena Orbe, Fernando. El aprendizaje como conocimiento ético. Enharonar. España, 2000.
  2. Baumnan, Zygmunt. Sobre la educación en un mundo liquido. Paidós. España, Barcelona, 2013.
  3. Camilloni, Alicia R .W de. Reflexiones para la construcción de una Didáctica para la Educación Superior. Ponencia en: Primeras Jornadas Trasandinas sobre planeamiento, gestión y evaluación “Didáctica de Nivel Superior Universitaria”. Chile, 1995.
  4. Castoriadis, C.  Lógica, imaginación, reflexión. En el inconciente y la ciencia. Editorial. Amorrortu. Buenos Aires, 1993.
  5. Freud, S. Obras Completas. Amorrortu.
  6. Kâes, R. Para inscribir la cuestión del vínculo en el psicoanálisis. Francia, Paris, 2005.
  7. Moreno Olivos. La colaboración y la colegialidad docente en la universidad: del discurso a la realidad. Perfiles Educativos, Vol. XXVIII, No. 112, CESU–UNAM. México, D.F., 2006
  8. Najmanovich, D. El desafío de la complejidad: redes, cartografías dinámicas y mundos implicados. Artículo presentado en el Tercer Seminario Bienal de Implicaciones Filosóficas de las Ciencias de la Complejidad. La Habana, Enero 2008. Cuba, 2008.
  9. Piaget. J. Psicología y Pedagogía. Editorial Crítica, España, 1969.
  10. Rego, María Victoria. Transformaciones en niños con problemas de aprendizaje. Editorial Entre Ideas. Buenos Aires, 2012.
  11. Ruiz Bueno, C.; Mas Torelló, Os.; Tejada Fernández, J.; Navío Gámez, A. Funciones y escenarios de actuación del profesor universitario. Apuntes para la definición del perfil basado en competencias. Revista de la Educación Superior Vol. XXXVII (2), No. 146, Abril-Junio de 2008, pp. 115-132. ISSN: 0185-2760. España, 2008.
  12. Velez, G. El ingreso: la problemática del acceso a las culturas académicas de la universidad. Ingresar a la universidad. Cuadernillos de actualización para pensar la enseñanza universitaria. Univ. Nac. Río Cuarto, Año 2, N° 1. Argentina, 2005.
  1. Schlemenson, Silvia. El aprendizaje, un encuentro de sentidos. Editorial Kapeluz. Buenos Aires, 1997.

[1] *Psicopedagoga y Psicóloga clínica. Maestría en Salud Pública. Psicopedagoga de Planta del Departamento de Area Programática y miembro del Comité hospitalario de Prevención contra las Violencias del Htal. Alvarez. Docente de la Universidad de Flores.

 

By |2018-08-29T09:56:24+00:00enero 22nd, 2018|Categories: PUBLICACIONES PSICOPEDAGOGIA|Comentarios desactivados en Reflexiones sobre el rol del psicopedagogo como docente en la Universidad – Romina Centioni

About the Author: