Del no saber al saber hacer

//Del no saber al saber hacer

Del no saber al saber hacer

Giachino Karina, Lic. en Ciencias de la Educación con orientación en psicopedagogía
Ranieri Valeria A., Lic en Psicopedagogía

Este artículo fue presentado en la 12º jornada de psicopatología y salud mental. “Los nombres del síntoma. Clasificación- Diagnóstico”
5,6,7 de diciembre del 2011, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Secretaria de salud. Hospital Gral. de Agudos “Dr. T. Alvarez”. División Salud Mental

Pensamos  nuestras intervenciones psicopedagógicas en el marco de la orientación vocacional – ocupacional, como un espacio para construir proyectos.

Llegan al hospital diferentes demandas de orientación vocacional ocupacional, caracterizadas por la diversidad y la heterogeneidad de las personas que consultan, considerando principalmente la particularidad del momento subjetivo que están transitando.

Nos convoca abordar la tarea desde una modalidad clínica que promueva un tiempo y un espacio donde el sujeto pueda pensar-se en términos de su propio deseo.

Diferentes momentos de la vida invitan a la toma de decisiones. Decisión como acto donde el sujeto pueda jugar un deseo propio y logre ser autor de su propio destino.

Retomando lo postulado en el trabajo anterior la problemática vocacional y laboral se encuentra atravesada por dimensiones tanto subjetivas como sociales.

Adherimos pensar al dispositivo como facilitador de preguntas, apuntamos a la construcción de preguntas no hacia la respuesta.

Intentamos lograr desde la práctica, un escenario que permita al sujeto abordar sus interrogantes desde una posición crítica, pensante y creativa. La orientación se concibe entonces, como un proceso cuyo protagonista es el sujeto.

Sebastián de 38 años de edad, se presenta al Servicio de Salud Mental, sector Psicopedagogía, solicitando un turno para obtener un certificado de discapacidad.  A  la primera sesión asistió tres horas antes acompañado de su mamá.

El motivo de consulta manifiesto: continuar vendiendo en la vía pública  productos alimenticios evitando conflictos con los inspectores. Refiere: “…a los discapacitados los dejan”; “hace seis años que no tengo trabajo, que no tengo nada propio, pienso que es por el retardo de maduración”; “pienso que tengo algún problema, traba, me cuesta concentrarme para estudiar”.

Sebastián convive con su mamá (64 años), su papá (68 años) y con su hermana (36 años).

El padre es quién sustenta económicamente a la familia, trabaja en forma independiente en el reparto de carne.

La madre y hermana cocinan la mercadería que Sebastián sale a vender.

Según lo expresado por Sebastián, su hermana tiene problemas psiquiátricos, en oportunidades ha estado internada, “ella tiene miedo y se va a dormir con mis padres, se llevó la cama a la habitación de ellos”.

Podemos visualizar un grupo familiar cristalizado, rígido a pesar de los cambios cronológicos, cambios no posibles en dicha estructura familiar endogámica.

Siguiendo su motivo de consulta se comienza el proceso de evaluación diagnóstica. El eje de la misma es la escucha, durante las sesiones se administran técnicas como Test de Inteligencia para adultos, Bender, gráficos, todos estos instrumentos  formando parte de una serie de entrevistas.

De lo trabajado se observa que Sebastián no presenta problemas cognitivos que le posibiliten obtener un certificado de discapacidad mental.

Discapacidad que en términos legales no se puede acreditar pero sí funciona como significante.

Se le propone abrir un espacio de orientación laboral para pensar otros ámbitos posibles de inclusión laboral, pero fundamentalmente para resignificar su posición subjetiva y posibilitar un lugar diferente en el mundo.

 

Surgen interrogantes:

¿Cómo se sigue con Sebastián?

¿Cómo sigue Sebastián ante esta respuesta?

¿Cómo es el devenir de Sebastián?

¿Cómo operaría en Sebastián la significación de no obtener y no acceder  al certificado de discapacidad?

Y principalmente

¿CUAL ES EL LUGAR DEL PROFESIONAL AL ENCONTRARSE CON UN SUJETO QUE SE DISCAPACITA?

Su mirada era de no saber, nuestra pregunta ¿resignificar la mirada hacia el logro del saber hacer?

En función de esto se propone un espacio de Orientación Laboral.

 

La incertidumbre de no ser discapacitado

 

La práctica de la orientación vocacional laboral convive con lo incierto, intenta dialogar con lo inesperado, lo no pensado como posible.

Se abre camino a la no certeza, Sebastián se enfrenta con una nueva identificación que podrá representarlo.

Los trabajos que había realizado fueron en el negocio familiar kiosco- almacén y durante algunos años vivió con su abuelo encargándose del cuidado de éste. Su recorrido laboral, sus experiencias vividas fueron endogámicas, fallidas hacia una inclusión laboral social adulta, marcadas desde la discapacidad. La constitución psíquica y su acontecer histórico individual, durante los primeros años, marcaron las predisposiciones que se manifestaron a lo largo de la vida.

Es muy diferente el trabajo que se puede realizar con alguien que todavía no vivió la experiencia de hacer una apuesta ligada a su exogamia, del qué ya hizo alguna. La edad cronológica es tomada así según el momento vital en el que está instalado el consultante, ligado a sus experiencias vividas.

A pesar de contar con treinta y ocho años, desde su discurso y accionar Sebastián se posiciona con una modalidad dependiente. De las entrevistas realizadas hacemos recorte de sus dichos: “mis padres me dicen que de vigilador no, en el outlet de garbarino $30 por día es poco, no se justifica…”; “ellos me decían que tenía un problema y no me van a tomar”;  

“por qué no me dejas ir a probar una temporada a la costa, hablé con ellos para quedarme en la costa y me dicen que no…”; “semana santa me fui a San Pedro pero no me daban plata para irme…”

Dicha posición necesita de Otro que lo sostenga. Padres que resisten y son ambivalentes a aceptar el proceso de crecimiento de su hijo. Evolución que implica renuncia, aceptación. Padres presentes postergaron la separación necesaria, no fue posible dicha evolución en el vínculo. En la adolescencia se espera un nuevo paso hacia la adultez, esto requiere de un cambio de relación entre padres e hijos (cambios de relación con los padres externos, reales y con las figuras parentales internalizadas).

Podemos visualizar como Sebastián está sujetado, amarrado a los significantes del Otro, ya que pide a ese Otro, un reconocimiento que lo confirme como sujeto autónomo. Es decir, es el discurso de este Otro el que insistirá en él conformándolo.

El sujeto entonces es: en tanto es hablado, en tanto que el Otro habla a través de él. “Mi mamá dice que en el negocio voy a ganar más, y después me dice hace lo que vos quieras, no te dice esa palabrita anda a probar, me lo dice de forma tajante”

Rodulfo  afirma que para que algo sea significante se tiene que repetir. Una vez que algo es introducido con la función significante  se produce algo con cierto valor distintivo.

Esto nos permite pensar un sujeto sostenido, amarrado al significante discapacitado, un sujeto que para nombrarse se nombra como tal. “estuve un año sin hacer nada, me rechazaban de todos lados; “estudie pastelería pero no rendí el examen porque sé que no lo voy a dar”.

 

Su Historia Escolar

 

A lo largo de la vida de Sebastián las significaciones se han ido generando en forma encadenada, es así que desde la primaria realizó tratamiento psicológicos y psicopedagógicos por los problemas en el aprendizaje. Luego cursó la secundaria en una escuela de recuperación, y cuando terminó ésta se inscribió en una escuela que abrió un cura para chicos con problemas de aprendizaje, ubicándose una vez más con cierto valor distintivo. Cuando tuvo edad para insertarse en el mercado laboral los significantes que lo definían condicionaron la búsqueda, entendiendo que el sujeto que elige tiene una prehistoria de su decisión. La dinámica psíquica  simbólica  investirá de sentido lo vivido, la originalidad en el protagonismo de la propia vida dará posibilidad de múltiples opciones.

Es así que Sebastián no reconoce ninguna de sus capacidades individuales para postularse a un trabajo posible, fue así que ante el pedido de armar su curriculum vitae consideraba que no tenía nada importante para marcar. No reconoce su tránsito por las actividades laborales de modo tal que no tenía nada importante para enunciar. No estaba significado como una actividad propia sino que era la actividad familiar, en donde él no dejaba ninguna marca singular, tal es así que no cobraba ninguna remuneración.

En la infancia se marcan las primeras representaciones sobre las que el sujeto  opera, ese largo trabajo de elaboración, de transformación y represión, cuyo resultado le hace ser el que es y aquel en el que deviene.

El régimen deseante familiar ubica a un sujeto y a su turno él se perpetua, pero no es justo suponerle a un significante un poder que no deje alternativas.  “mis padres me dicen querés hacer lo que vos quieras eso me hace sentir culpable”; “y …no tengo nada, tengo lo que ellos me dijeron pero no por nada propio”.

Es justamente en la adolescencia cuando se pone en juego para un sujeto hacer uso de los emblemas donados por el padre. Emblemas que instituyen al ideal del yo, y esto implica elecciones respecto a su definición sexual, familiar, profesional. El yo es un historiador y su historización depende del proceso identificatorio. Estos procesos forman parte del ideal del yo, el cual resulta de las identificaciones primarias narcisistas en conjunción con las identificaciones con los padres. El ideal del yo estaría formado por los objetos amados a los cuales el yo intenta parecerse o aspira a ser. “quería aprender el trabajo de mi padre, pero no me enganche”.

En este caso particular, sería pasar de depender económicamente de los padres a un trabajo independiente. Transición esperada pero que no acontece. Afrontar la tarea de destruir viejas identificaciones significadas negativamente para dar camino a nuevas, dar paso de lo familiar a lo social, de lo endogámico a lo exogámico; salida del conflicto que posibilitará una nueva posición de Sebastián en el mundo.

Marchar hacia las transiciones demanda un procesamiento personal. Pasar por una transición requiere realizar cambios en la representación de si mismo, de las relaciones con los otros y la concepción del mundo, del sentido de la vida. Proceso que puede requerir del acompañamiento de algún profesional orientador.

 

¿Cómo se acompaña a Sebastián en el armado de un proyecto de vida?

 Se lo convoca a una posición activa, que le permita apropiarse de sus recursos, a decir de sí y de lo que piensa, a trabajar sobre  su representación en el  mundo del trabajo.

Decimos que la orientación apunta a la construcción de un proyecto.

¿Qué es un proyecto?

Un proyecto encierra aprendizaje constructivo: implica aprender a discriminar hacia donde quiero ir, cómo llegar, mediante que acciones, desde donde parto, revisar, elegir, modificar a lo largo de la vida.  El proyecto se establece sobre la base de un futuro que se desea alcanzar, sobre un conjunto de representaciones de lo que aún no está pero se desea lograr, y se apoya sobre las significaciones del presente que se espera sobrepasar. “Necesito una base monetaria sólida para irme, me quiero independizar de ellos…”. La elaboración representativa de la situación presente orienta la construcción del proyecto.

El dispositivo posibilitó que se pasara del estigma de la discapacidad al enigma    ¿Quién es? ¿Cuál es su deseo?

El enigma que construyó Sebastián posibilitó una salida por vía de los ideales, salida que le permitirá incluirse en el mundo de la cultura y producción.

Es oportuno pensar entonces que desde el lugar de orientador vocacional- laboral, es posible escuchar algo más que el pedido en forma manifiesta y por lo tanto remitir al sujeto a su propia pregunta ¿soy discapacitado?, es decir devolverle su propio mensaje en forma invertida. ¿Cómo te ves vos? Único camino posible para que algo de la verdad del deseo de un sujeto emerja.

 

 

Bibliografía

 

  • Alicia Cibeira y Mario Belteo Barberis (Coords.), “Jóvenes, crisis y saberes” La orientación vocacional, ocupacional en la escuela, la universidad y el hospital;

 

  • Marina Müller, Artículo: “Actualidad de la orientación vocacional profesional” Revista Actualidad Psicológica N° 315.

 

  • Müller, M. (1997) Orientar para un mundo en transformación. Bs. As. Bonum.

 

  • Rodolfo Bohoslavsky. “Orientación vocacional” La estrategia clínica.

 

  • Arminda Aberasturi, Mauricio Knobel: “La adolescencia normal” Un enfoque psicoanalítico.

 

  • Rascovan, S. (2005) Orientación Vocacional. Bs. As. Paidós

 

  • Levy, E. (2008). Educación, trabajo, saberes y competencias. Revista Novedades Educativas.

 

  • Rodulfo, R. (2001) El niño y el significante. Bs. As. Paidos

 

  • Jozami, M. De pasiones y destinos. Bs. As. Letra Viva.

 

  • Aulagnier, P. (1991) Construir (se) un pasado. Revista adolescencia, vol XIII, Nº 3.

 

Sobre las autoras:

Lic. Ranieri Valeria Alejandra

pspranieri@yahoo.com.ar

Lic. en Psicopedagogía, USAL ;  Prof. en Psicopedagogía y en Educación Primaria , Inst. SF D y T Nº 46,  R.  M.

Orientadora del aprendizaje E.O.E de E.P. N° 22 Partido de La Matanza.

Concurrente en Htal. Gral. de Agudos “Dr. Teodoro Álvarez”.  Equipo de Salud Mental, Sector Psicopedagogía Infanto Juvenil. Gobierno de la Ciudad de Bs. As.   (Junio 2009, diciembre 2011)

 

Lic. Karina Julieta Giachino

lic.karinagiachino@hotmail.com

Licenciada en Ciencias de la Educación con orientación en Psicopedagogía. UNLU.

Profesora en Ciencias de la Educación y en Educación Preescolar.

  • Cursista en Htal. Gral. de Agudos “Dr. Teodoro Álvarez”.  Equipo de Salud Mental, Sector Psicopedagogía Infanto Juvenil. Gobierno de la Ciudad de Bs. As. (2009 hasta la actualidad)
  • Profesora de Nivel Superior, ISFD Nº 29 y 45, carrera Profesorado de Educación Inicial
By |2018-08-29T09:56:48+00:00abril 3rd, 2012|Categories: PUBLICACIONES PSICOPEDAGOGIA|Comentarios desactivados en Del no saber al saber hacer

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