Profesional Invitado:
Lic. Gabriela Covache
Psicopedagoga

Supervisora en Hospitales Públicos.
Integrante del Servicio Nacional de Rehabilitación y Promoción de la Persona con Discapacidad


Preguntas:

1- ¿Qué te llevó, como psicopedagoga, a interesarte por la discapacidad?

2- ¿Cuáles serían los objetivos de un abordaje psicopedagógico en niños con discapacidad?

3- ¿Cuáles son las dificultades que encontrás en el trabajo con los padres de estos chicos?

4- ¿Es posible sostener un abordaje interdisciplinario?


Respuestas:
1- ¿Qué te llevó, como psicopedagoga, a interesarte por la discapacidad?

El tema de la discapacidad apareció en mí como lugar de pregunta, cuando todavía estaba cursando mis últimos años en la facultad. En ese momento el trabajo que los psicopedagogos podían o debían realizar estaba centrado en “estimular” o “educar” a ese sujeto que necesitaba una forma distinta de la que otro sujeto desarrolla con sus figuras primarias. Yo me preguntaba, ¿por qué una condición orgánica podía impedir el camino que hace cualquier sujeto en su construcción del conocimiento? Si bien es verdad que tener una situación diferente a la que otros sujetos lo pone en una situación de desventaja, la desventaja no podía ser tomada como única condición del sujeto. Por lo tanto me pareció un desafío el poder construir un abordaje psicopedagógico que tuviera en cuenta a ese sujeto con su condición como tal; y al mismo tiempo pensar en trabajar con los padres desde el mismo lugar.

2- ¿Cuáles serían los objetivos de un abordaje psicopedagógico en niños con discapacidad?

Creo que uno de los objetivos del trabajo psicopedagógico es acompañar en el despliegue de sus capacidades, tendiendo a la normalización. La normalización no significa omitir la discapacidad sino todo lo contrario, asumir a ese sujeto desde la posibilidad y no desde la impotencia. Entiendo por tratamiento al trabajo terapéutico que se realiza tanto con el sujeto con discapacidad como con su familia.

3- ¿Cuáles son las dificultades que encontrás en el trabajo con los padres de estos chicos?

Cuando la discapacidad irrumpe en una familia produce diversas manifestaciones. El deseo de tener un hijo es el deseo de trascender, de gestar un “producto” que devuelva una imagen bella de uno mismo. El nacimiento de este hijo produce una ruptura narcisística. Es por lo tanto necesario e imprescindible trabajar en la aceptación de la discapacidad, y digo aceptación y no resignación. Puesto que aceptar implica reconocer a este otro como una persona, como sujeto, como sujeto deseante, como sujeto aprendiente. Muchas veces se enmascara detrás de la condición de bebé la de discapacitado. Los padres pueden situarse como los culpables, los “incapaces”, portadores de un defecto. Hay un retorno de lo defectuoso a través de la mirada de lo social. De acuerdo a cómo se dé la interacción entre la madre y el hijo, el desarrollo cognitivo va a variar. Es necesario trabajar en la disponibilidad materna para lograr la confianza en el niño, y al mismo tiempo en la inclusión del padre como pieza fundamental para el despegue del niño. Hace algunos años coordiné un grupo de padres de chicos con una discapacidad mental que concurrían a diferentes instituciones. El objetivo principal era lograr positivas relaciones de los distintos integrantes de la familia con el sujeto con discapacidad. Como tema central surgió la comunicación, no sólo con este hijo sino también con el contexto social. Pudieron pensar situaciones como por ejemplo: “¿Qué pasa cuando uno ve a un discapacitado?”, “¿Qué me pasaba antes de tener un hijo con discapacidad?”, “¿Cómo me siento frente a la reacción de la sociedad?”. En un primer momento se contestaban de esta manera: “Es un problema de educación”, “Habría que cambiar la mentalidad de la gente”, etc. Centraban todas sus respuestas en el afuera, el medio era “malo”, no podían encontrar respuestas en sus propias actitudes. En la medida en que el grupo fue entrando en un espacio de confianza, tales respuestas fueron abandonadas, dando lugar a que aparecieran preguntas y respuestas en donde cada uno se comprometía desde su situación particular, desde sus experiencias concretas. Se logró trabajar en la desmitificación del hijo con discapacidad; sacarle el peso de ser el depositario de todos los problemas que acontecen. Creo que el trabajo en grupos de aprendizajes con padres de hijos con discapacidad es muy importante, ya que favorece la mirada real hacia ese hijo, y permite quitar la situación fantasmática. Esto habilita encontrar otro lugar con este hijo, o mejor dicho, hay un reencuentro como figura enseñante con este hijo.

4- ¿Es posible sostener un abordaje interdisciplinario?

Un desafío importante en relación a la atención terapéutica del sujeto con discapacidad es el trabajo interdisciplinario. El trabajo terapéutico con una persona con discapacidad implica la mayoría de las veces la inclusión de distintas disciplinas. Para que realmente se dé un trabajo interdisciplinario se debe partir de realizar una formulación compartida de cuál es el problema y resignar la propia creencia. Es importante poder pasar de la subjetividad a la intersubjetividad. Hay que entender el trabajo interdisciplinario como un proceso y no como un acto donde se coordinan distintos resultados que aportan las distintas disciplinas. Creo que un camino para alcanzar este tipo de trabajo es primero mirar la necesidad que tiene este sujeto de que no lo miren como una parte, sino que pueda ser visualizado como un sujeto en su totalidad.