Invitamos el miércoles 30 de agosto a las 18.45hs. a la presentación del libro: “Infancias. Entre espectros y trastornos” que escribimos Liora Stavchansky y Gisela Untoiglich.
Lo comentarán las autoras y Juan Carlos Volnovich y participará de la presentación Alejandra Marroquín
Museo del Libro y de la Lengua, sala David Viñas, Las Heras 2555, CABA
La entrada es libre y gratuita, sujeta a la capacidad de la sala.
Compartimos algunos fragmentos del prólogo
“Dos mujeres. Dos psicoanalistas latinoamericanas. El libro que tiene usted en sus manos fue escrito por dos mujeres atravesadas por el psicoanálisis, dos mujeres apasionadas por la infancia pero no por una infancia así, en general, sino por una infancia situada. El libro que tiene usted en sus manos es un libro enteramente original: no es frecuente encontrarnos con textos firmados por autoras de países periféricos que compartan la misma longitud de onda.
Pero no es solo la infancia situada a partir del psicoanálisis lo que le da coherencia a esta obra que no es un reading —no son trabajos agrupados, compilados, los que arman el volumen— sino que se trata de una obra organizada como piezas de un rompecabezas que sostiene su estructura en una columna vertebral sólida y consistente. Esa estructura es el marco teórico referencial que suscriben; es ahí donde se percibe la afinidad, la lógica de este canon literario: voces de las autoras que a veces se superponen y, otras, conservan un estilo propio y singular.
Así, el libro de Liora Stavchansky y Gisela Untoiglich viene a inscribirse en una larga tradición psicoanalítica que une a México con la Argentina y que, sin embargo, nunca —hasta ahora— ha fructificado en textos como éste…
El libro respira respeto por la infancia. Introducirse en el libro es respirar respeto por las niñas y los niños, es una invitación a reflexionar sobre los residuos adaptacionistas del psicoanálisis, sobre cómo detrás de esa insistente retórica de clínica “rebelde”, la implicación del psicoanálisis no se aleja de reproducir esa preocupación biopolitiquera.
Antes decía que este es un libro escrito por dos mujeres apasionadas por la infancia pero no por una infancia así, en general, sino por una infancia situada. Y esto, porque nuestros niños son nuestra Historia. Cada generación se apropia de la Historia al advenir a ella y encarna los mitos de las que la preceden. Nuestros niños como Historia nuestra son testigo-testimonios de un proyecto genocida, de una empresa de exterminio, y en cada síntoma, en el más banal de los síntomas del menos neurótico de nuestros niños, hablan el espanto y la tragedia que amenaza repetirse a cada paso. Nuestros niños y nosotros, en el más aséptico análisis individual, estamos marcados por los mismos horrores.
Psicoanalizar a un niño o a una niña es una empresa fascinante, desconcertante y difícil: es, fundamentalmente, exponerse al desafío del sufrimiento y al dolor del síntoma. Síntoma en el que se lee la escritura de la Historia. De ahí, que el síntoma es —desde un principio y al mismo tiempo— individual y social. De ahí que descubrir lo que el enigma ofrece a la comprensión impide la razón que oculta, justamente, aquel espacio que el síntoma intenta abrir.
(…) Una infancia situada supone aceptar que los tiempos han cambiado. Fue hace mucho tiempo atrás cuando Freud postuló al superyó ligado a la autoridad del padre, al poder del gran Otro, del Otro mayúsculo. Hoy en día, las cosas ya no son así y tal vez solo el mercado reúne las condiciones para ocupar el lugar vacante que el gran Otro tuvo en la modernidad; pero aun así, eso está por verse. Más bien parecería que los nuevos tipos de dominación remitieran a una tiranía sin tirano donde triunfa el levantamiento de las prohibiciones para dar paso a la pura impetuosidad de los apetitos. Más bien parecería que el capitalismo hubiera descubierto —y lo estuviera imponiendo— una manera barata y eficaz de asegurar su expansión. Ya no intenta controlar, someter, sujetar, reprimir, amenazar a los ciudadanos para que obedezcan a las instituciones dominantes. Ahora, simplemente destruye, disuelve las instituciones, de modo tal que las nuevas generaciones, las niñas y los niños, por ejemplo, quedan sueltos, caen blandos, precarios, móviles, livianos, bien dispuestos para ser arrastrados por la catarata del mercado, por los flujos comerciales, por los psicofármacos; listos para circular a toda prisa, para ser consumidos a toda prisa y, más aún, para ser descartados de prisa.
(…)Así, hoy en día, el psicoanálisis cumple con el delicado trabajo de invitar a un sueño, de ilusionar otro universo, de proponer un juego —sacrilegio, acontecimiento— que, desde el seno mismo del torrente mercantil, a la velocidad que los flujos imponen, pueda construir una isla, un mínimo dispositivo simbólico, un acuerdo tan sólido como flexible para, desde allí y con esos recursos, hacerle frente al dolor y al sufrimiento que la adaptación al sistema no sólo no ha logrado atenuar, sino que aporta como plus, como malestar en la cultura. Hoy en día, el espacio de la clínica debería estar al servicio de la imaginación, de la denuncia de la naturalización del consumo; al servicio de reforzar la esperanza de poder transitar este mundo con valor crítico y poder transformador.
(…)Infancias… es una fuente inagotable de ideas originales que invitan a jugar con otras ideas novedosas. “El acontecimiento siempre está por-venir, pero a condición que alguien apueste por su posibilidad de producción,” dice Gisela como invitando a jugar. Se trata, entonces, de jugar y de apostar. El acontecimiento está en la lectura”. (Fragmentos del Prólogo de Juan Carlos Volnovich)

Los esperamos!!